Economía básica para “cuñaos”

Publicado el 15/05/2026

Economía básica para “cuñaos”
Cuando hablamos de economía para “cuñaos”, lo hacemos con la convicción de que existen muchas personas que van por la vida tratando de dar lecciones de todo sin saber absolutamente de nada. Son gente que, por lo general, se ha aprendido cuatro bobadas básicas que ha dicho el periodista de turno a sueldo del poder. Conceptos muy rimbombantes que suenan bien, pero que en la práctica no reflejan la realidad y, además, enmascaran el verdadero problema de fondo.

Ojo con el que te diga «no sé qué del PIB»
A ti, querido lector liberal, te prevengo de estos elementos. Cuando alguien te diga no sé qué del PIB, ponte en guardia de inmediato, porque muy posiblemente estás ante un “cuñao” de libro. Y si lo del PIB va acompañado de que la economía española va muy bien, ¡uy, uy! Ojito, que la cosa es peor de lo que parece. No solo es “cuñao”, sino que además es tonto de baba.
Afortunadamente, la estulticia se puede —y se debe— combatir. No es que vayas a ser capaz de convencer al fulano de que está confundido; no, eso es simplemente imposible. Son seres, por lo general, adoctrinados que quieren —más bien necesitan— creer que lo que dicen, mejor dicho, lo que les han contado, resulta algo tan empírico como que dos más dos son cuatro.
En realidad, estas personas están perdidas sin solución, porque se encuentran en una de estas dos circunstancias:
1. No tienen ni la más mínima idea de economía.
2. No quieren, o no pueden, reconocer que a quien han votado les está engañando y que todo es un fracaso.

En realidad, el punto 1 tiene mucho que ver con el punto 2, por lo que van intrínsecamente relacionados. No tienen idea de economía y, por eso, han votado al tipo que les está tomando el pelo.
Pero vamos con lo que nos ocupa y preocupa: combatir el mantra keynesiano de que, al crecer el PIB, el país también crece.

Cuñadez típica: «El Producto Interior Bruto de España ha subido en los últimos años»
Esto es una obviedad difícilmente rebatible, además de innecesaria. El PIB de un país aumenta por múltiples razones, pero la más importante es algo elemental: a más habitantes, mayor producción; por tanto, el PIB crece. Pero que una nación produzca más no quiere decir, en absoluto, que sea más rica.
En este blog ya se ha mencionado en múltiples ocasiones que la riqueza no la mide el PIB, sino el PIB per cápita. Y la razón es bien simple: no se trata de cuánto produce un país o cuánto tiene el Estado, sino de cuánto dinero tiene el ciudadano en el bolsillo para llegar a final de mes o para gastar en lo que mejor le parezca.
Veámoslo con detenimiento y de forma sencilla para que el “cuñao” lo comprenda.

Ejemplo práctico para el “cuñao”
En una casa viven una mujer y su marido. Ambos trabajan y aportan una parte importante de su salario a los gastos comunes del hogar —hagamos el símil de que la casa es el país y el matrimonio, sus habitantes—.
Ahora, un primo que viene del pueblo a trabajar a la capital les pide que le dejen vivir en su casa durante un tiempo. El nuevo miembro de la familia aporta también, del rendimiento de su trabajo, una parte para sufragar gastos. El coste de las necesidades de la casa aumenta, pero también la recaudación del fondo común. Hasta aquí, el aumento natural del PIB del hogar y de un país.
Pero el casero —el gobierno— decide subir el alquiler. Además, han subido la luz, el agua y la comunidad por distintas causas. Lógicamente, el matrimonio se ve obligado a poner más dinero de sus salarios al fondo común y, cómo no, también tienen que pedirle al primo que ponga algo más de dinero —subida de impuestos—.
Pero la cosa empeora, porque llega la madre del marido, que se ha quedado viuda y se instala en la casa, aunque no aporta dinero al gasto común porque tiene una pensión muy baja y un hijo no le va a pedir dinero a su madre.
Hasta aquí, la demanda de bienes y servicios ha aumentado al doble en poco tiempo y la recaudación de dinero, de los tres que aportan, también, aunque no de forma proporcional al crecimiento de las necesidades del hogar —crecimiento del país—.
Es decir, el sueldo de los habitantes no ha aumentado, pero el gasto sí, con lo que el PIB del hogar es mayor que al principio. Sin embargo, el dinero disponible de cada habitante —salvo el de la pensionista— ha disminuido. La casa tiene más, pero sus habitantes tienen menos para ellos.
Al año siguiente, todo sigue igual, pero a los cuatro habitantes de nuestra casa-ejemplo les suben el sueldo un 2 %. Por desgracia, el alquiler, la luz, el agua, la comunidad, la comida, los impuestos indirectos, etc., han subido un 3 %, con lo que se ven obligados a destinar toda la subida salarial y un 1 % extra al fondo común —inflación—.
La madre, como es natural, no pone nada al fondo, pero ahora se ve obligada a ayudar comprando de vez en cuando algo de comida, ropa, etc.
Finalmente, la esposa se queda embarazada… Aquí ya sí que es donde la cosa se complica del todo.

Cada día más pobres en un país no tan rico como dicen
En definitiva, pasado el tiempo, el PIB de la casa —Estado— ha aumentado considerablemente, pero el dinero de los habitantes —PIB per cápita— ha aumentado mucho menos de lo que ha subido el coste de la vida —inflación—. Y, para colmo, buena parte de ese incremento se lo ha quedado la caja común de la casa —Hacienda—. Aun así, todos llegan mucho peor a final de mes que cuando eran solo dos.
En definitiva: el PIB ha subido, sí, pero los ciudadanos somos más pobres porque tenemos que destinar mucho más dinero para obtener lo mismo que antes.
En ocho años ha aumentado aproximadamente en cuatro millones la población, con gente que o no aporta a la caja común o aporta muy poco —no amortizan lo que cuestan ni por lo más remoto—, ya que son trabajadores de baja cualificación. Hay más demanda, por lo que se producen más bienes y servicios y, por tanto, crece el PIB.
Sin embargo, al existir más demanda que oferta —imposible adecuarla a la llegada masiva de inmigrantes—, la inflación se dispara. Ley de la oferta y de la demanda: si hay más demanda que oferta, el precio sube.
Razón por la que suben en España los precios más que en cualquier otro país europeo. Sube la cesta de la compra, sube el precio de la energía —y hay apagones—, sube el precio de la vivienda —porque encima no se construye al no compensar el coste a los promotores—, suben los impuestos —y tenemos las peores infraestructuras desde hace veinte años— y, en definitiva, sube todo por una mala gestión y por los intereses espurios de los políticos, muy alejados, en general, de los problemas reales de los ciudadanos.
Y esto, aunque no lo vaya a reconocer, hasta el “cuñao” lo sufre.
Autor: Luis Molina Aguirre
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Luis Molina Aguirre
Luis Molina Aguirre

Luis Molina (Madrid, 1974) es escritor y analista de software. Fue militar y escolta privado. Es autor de novelas, relatos y poesía, aborda la intriga, el terror, la fantasía y la historia con un estilo ágil y propio mezclando misterio, emoción y reflexión.
Luis es socio fundador de "Una mirada liberal"

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