Un mundo distópico

Publicado el 09/01/2026

Un mundo distópico
Algunas cosas, por más que pase el tiempo, nunca dejan de sorprenderme. La sumisión del ser humano, la búsqueda permanente de gran parte de mis congéneres de un líder que les señale el camino a seguir, es algo que me resulta deleznable. No por el hecho en sí, sino por lo que representa. Esas mismas personas, ávidas de un amo, son las mismas que te dicen que lo que tú opinas o haces está mal o es erróneo. Y es posible que tengan razón, porque muchas cosas son correctas o incorrecta en función del ojo que lo mira. No obstante, lo que realmente me molesta, es que te dicen que nosotros, los librepensadores, estamos confundidos. No porque ellos así lo crean, sino porque otros lo afirman y son tan simples que lo replican como si se tratase de una mala grabación de una casete vieja. ¿Cómo pueden esos individuos saber si tú o yo estamos confundidos en nuestros planteamientos? Es imposible que ellos lo puedan saber por una razón bien simple: porque no es fruto de su razonamiento ni de sus conclusiones por lo que creen que nos equivocamos, sino que es fruto de lo que otros les han dicho que digan, piensen o hagan. Es decir, borreguismo en el estado más puro y vergonzante.

Es el caso de la izquierda en el mundo y de la mayoría de la gente que está a favor del colectivismo —no son pocos los de derechas incluidos en este paradigma demoniaco—. Ellos son los que te dicen que tú te confundes. Ya he escrito en repetidas ocasiones a cerca del colectivismo y he comentado cuál es mi opinión respecto de este tema, por lo que no insistiré. Ahora bien, no deja de tener gracia, que un tipo que necesita ayuda para pensar y decidir qué hacer en su día a día, me diga a mí o a ti —que si me lees será probablemente porque eres de pensamiento liberal, tanto política como económicamente—, que estamos confundidos. Que el libre mercado y el capitalismo; que pensar que uno es independiente y que es capaz de actuar por sí mismo sin papá Estado detrás; que los criterios de un colectivo no pueden supeditar el presente el futuro de un individuo…; resulta que son pensamientos erróneos porque el político, periodista o famoso de turno opina que es así: «Tócate los perendengues, “salao”».
¿Pero cómo el hombre ha podido llegar a esta decadencia tan lamentable? Es decir, que un tipo, posiblemente con intereses políticos, económicos, sociales o laborales, les dice lo que a él le interesa más y ¿sus seguidores lo replican como loros sin ninguna contraprestación a cambio? ¿Y esa gente es la que nos dice que estamos confundidos?

Es increíble, pero cierto. Hemos llegado a un punto de seguidismo, de sumisión, que roza el esclavismo voluntario, lo que ya es bastante triste. Porque ser esclavo a la fuerza es una canallada, pero serlo voluntario es de meningíticos.

Voy a poner un ejemplo para ilustrar al personaje, al ganado lanar que sigue los postulados absurdos de su pastor, sin siquiera el más mínimo atisbo de razonamiento por su parte:
En estos días de inicio de 2026, Nicolás Maduro ha sido puesto a disposición judicial por parte de los EE.UU. Gracias a Dios, además, están empezando a soltar a los presos políticos del Helicoide, lugar conocido por muchos como un centro de detención y represión al más puro estilo de la Cheka soviética. Pues bien, hasta hace dos días, como aquel que dice, la izquierda decía que Venezuela era un paraíso democrático —yo conozco muchos venezolanos, compañeros y amigos, y ninguno jamás le oí decir semejante barbaridad. De hecho, todo lo contrario—, que allí, por supuesto, no existían presos políticos ni detenciones ilegales ni torturas ni nada semejante —lo mismo que dicen de Cuba. Igualmente, como en el caso de Venezuela, conozco muchos cubanos que han huido de allí y que afirman todo lo contrario a lo que el zurderío vocifera—. Pues bien, ahora que está sucediendo todo lo que sucede, esos mismos te dicen que la liberación de los presos, que no existían hace tres días, es gracias a Lula da Silva y a Zapatero. Insisto, «Tócate los perendengues». En fin, cualquiera con dos dedos de frente, que es mucho decir, entiende que la liberación de presos, como dice The New York Times, obedece a la presión de J.D. Vance y de los EE.UU, nada tiene que ver con esos politicuchos de extrema izquierda, que si han hecho algo ha sido para no ser los siguientes de la lista del Tio Sam.

Concluyo. Como buen liberal que soy, me parece genial que cada uno haga con su vida lo que mejor le parezca. Si quieren ser apéndices de otros que se aprovechan de su flacidez intelectual, pues allá ellos. Ahora bien, en la misma proporción que estos pueden ser esclavos asintomáticos a tiempo parcial o completo —dependerá del sujeto y del adoctrinamiento al que esté sometido—, el resto no afectados por tal enfermedad, podemos hacer igualmente lo que mejor nos plazca, que en general es pensar y actuar libremente, o al menos intentarlo, en beneficio propio y no de terceras personas que nada tiene que ver con nuestros intereses y el bien de aquellos a los que queremos.
Autor: Luis Molina Aguirre
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Luis Molina Aguirre
Luis Molina Aguirre

Luis Molina (Madrid, 1974) es escritor y analista de software. Fue militar y escolta privado. Es autor de novelas, relatos y poesía, aborda la intriga, el terror, la fantasía y la historia con un estilo ágil y propio mezclando misterio, emoción y reflexión.
Luis es socio fundador de "Una mirada liberal"

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