De estancamiento a prosperidad: la senda liberal

Publicado el 17/11/2025

De estancamiento a prosperidad: la senda liberal
La adopción sostenida de políticas de mercado y la apertura económica han transformado las trayectorias de Occidente y de España, elevando productividad y niveles de vida en comparación con etapas históricas de escaso dinamismo. Este artículo sostiene que la incorporación del capitalismo —entendido como mercados competitivos, protección de la propiedad y apertura comercial—, acompañada de instituciones liberales y políticas públicas inteligentes, explica gran parte del progreso material observado y ofrece lecciones prácticas frente a economías planificadas.

Contexto global


Las series históricas y los análisis comparados señalan una divergencia sostenida entre sociedades que abrazaron mercados abiertos y aquellas que mantuvieron economías planificadas. En las naciones occidentales la industrialización, la difusión tecnológica, el comercio internacional y el fortalecimiento institucional generaron aceleraciones de renta per cápita y mejoras en bienestar que no se observaron de modo equivalente en etapas anteriores de escaso crecimiento.

Las economías de planificación centralizada, por el contrario, mostraron en muchos casos rigideces que limitaron la reasignación eficiente de recursos, redujeron incentivos a la innovación y provocaron estancamientos prolongados. Al mismo tiempo, la experiencia de países que combinaron apertura y reformas institucionales —en distintos grados y momentos históricos— demuestra que las instituciones de mercado, si se implantan con marcos regulatorios adecuados, potencian la convergencia y la adaptación tecnológica. Es decir: los incentivos y señales del mercado facilitan la acumulación de capital y la difusión de tecnología, condiciones necesarias para un crecimiento sostenido.

La aportación del capitalismo al crecimiento


El argumento central es que los mecanismos propios del capitalismo —precios que guían decisiones, competencia que disciplina la ineficiencia y recompensa a la innovación— constituyen una estructura eficiente para asignar recursos y promover progreso técnico. A ello se suma un ambiente institucional que protege contratos y derechos de propiedad; sin estas garantías, la inversión y la innovación se ven frenadas. En la práctica, las economías occidentales del siglo XX combinaron mercados relativamente abiertos con inversiones públicas en educación, infraestructuras y salud, creando un entorno en el que la iniciativa privada podía potenciarse y difundirse a escala masiva.

Crecimiento PIB mundial

Empíricamente, la liberalización y la apertura suelen acompañarse de mayores flujos de capital y de transferencia tecnológica, que aceleran la convergencia de economías que han sufrido rezagos históricos. Los mercados financieros desarrollados canalizan ahorro hacia inversiones productivas, mientras la competencia internacional fuerza mejoras de eficiencia. En contraposición, los modelos planificados tienden a concentrar recursos en sectores poco productivos, a ofrecer incentivos débiles para innovar y a sufrir rigideces que impiden la rápida adaptación ante choques externos. Todo ello explica por qué muchas sociedades que abrazaron mecanismos de mercado lograron trayectorias de crecimiento sostenido.

Esta defensa del mercado no es ingenua: reconoce fallos. La desigualdad, la concentración de poder económico y las externalidades ambientales existen y son reales. La propuesta liberal coherente consiste en mantener mercados dinámicos y, a la vez, desplegar marcos regulatorios eficaces, políticas redistributivas focalizadas y normas medioambientales que internalicen costes, de modo que el crecimiento sea tanto productivo como socialmente sostenible.

España como caso de estudio


España es un caso instructivo. Tras décadas de aislamiento parcial y regulación intensa durante el franquismo, la apertura económica iniciada en los años sesenta y la modernización institucional tras la transición democrática, complementadas por la adhesión a la Comunidad Económica Europea, propiciaron modernización productiva, llegada de inversión extranjera y convergencia con las economías europeas. Ese proceso permitió que el país pasara de niveles de renta modestos a una situación mucho más próxima a la de las economías más avanzadas. Si bien es cierto que la industrialización del país en aquella época era, porcentualmente, mayor que la actual y que el PIB per cápita también lo era, no es menos cierto que se trata de datos que no pueden ser comparados con los tiempos actuales, entre otras cosas por que no se había incorporado el sector femenino a la productividad, por lo que los cálculos, simplemente, no se pueden hacer o valorar de igual modo.

No obstante, la trayectoria española evidencia también lecciones de cautela: la productividad por hora trabajada sigue rezagada respecto a varios socios europeos, la estructura productiva mantiene un peso notable de sectores de menor intensidad tecnológica y, en determinados periodos, la renta disponible de las familias ha crecido menos que el PIB. Por eso, las reformas de liberalización deben ir acompañadas de políticas que eleven la productividad (educación, formación técnica, inversión en I+D y digitalización), mejoren la competencia y aseguren que los frutos del crecimiento lleguen a la mayoría de la población.
Es indiscutible que los casi 30 años de gobiernos socialistas, más favorables a la intervención estatal y al estrangulamiento de la empresa privada, así como al endeudamiento, a provocado en España una clara desaceleración tanto industrial, como comercial como económica.

El principal contrargumento


La objeción más fuerte al relato liberal es que el crecimiento de mercado puede aumentar desigualdades, generar inestabilidad cíclica o producir daños ambientales cuando faltan reglas efectivas. Es una crítica sin fundamento. Sin embargo, el mercado, por sí solo, no distribuye equitativamente ni corrige externalidades si no existe una mínima supervisión. Es cierto que se requiere cierta regulación para evitar desigualdades, deterioro medioambiental y abusos por parte de las empresas, también de los sindicatos de trabajadores. Pero, esa regulación, debe de ser la mínima imprescindible, pues de lo contrario corremos el riesgo de eliminar las clases medias, tal y como está sucediendo en la actualidad en toda Europa en general y, muy particularmente, en España, ya que el exceso de leyes, control administrativo, impuestos e intervencionismo, acaba con las medianas y pequeñas empresas y socaba la capacidad económica de las clases medias. Es decir, aquellos que tienen una nómina o son pequeños empresarios.

Conclusión: una agenda para la prosperidad


La evidencia comparada indica que la economía de mercado, acompañada de instituciones sólidas y políticas públicas inteligentes, ha sido decisiva para elevar el bienestar en Occidente y en España frente a etapas de estancamiento y frente a muchos modelos comunistas y socialistas rígidos. La agenda política debe priorizar hoy reformas que eleven la productividad —educación, digitalización, I+D—, fomenten competencia y atraigan inversión productiva, y complementen el crecimiento con redes de protección y regulación ambiental para garantizar que el progreso sea duradero y compartido. La concienciación de que la administración debe de llegar, tan solo, allí donde la empresa privada no llegue, debería ser el lema de todo partido político y, realmente, aspiran a que exista progreso y disminuyan las desigualdades.




Fuentes sugeridas


Autor: Redacción-Administrador
🗨️ Comentarios
Luis Molina Aguirre - 18/11/25:
Yo lo que creo es que vivimos en un estado excesivamente intervenido y, eso, nos lastra y nos resta competitividad. No se trata de la ley del más fuerte, pero sí de que los mejores lleguen más lejos. Los mejores no son aquellos que son más inteligentes o más fuertes, no. Los mejores son aquellos que se esfuerzan más.
España no va a mejor, España va a peor y es como consecuencia de una administración asfixiante que doblega a los más actos para encumbrar a los más ineptos. ¿Ejemplos? Claro, por qué no. Solo hay que mirar a los políticos de izquierdas y a muchos de derechas. En general sin vocación de servir, sino más bien de servirse del trabajo de los demás.
Javier Llorente - 18/11/25:
El análisis sobre el papel positivo del capitalismo en el crecimiento occidental me parece sólido, pero echo en falta una reflexión más profunda sobre los costes sociales de algunas etapas de liberalización acelerada. En España, por ejemplo, la apertura y la integración europea trajeron prosperidad, pero también una precarización del empleo en ciertos sectores y una fuerte dependencia del ladrillo y el turismo. Es verdad que los modelos comunistas han demostrado graves ineficiencias, y no los veo como alternativa realista. Sin embargo, a veces el discurso liberal peca de confiar demasiado en que “más mercado” siempre resolverá los problemas. Creo que habría que enfatizar más la necesidad de una regulación fuerte en vivienda, competencia y medio ambiente, y de políticas industriales inteligentes, sin caer en proteccionismos, para que la prosperidad que describe el artículo sea realmente compartida y no solo estadística.
Marta Rovira - 18/11/25:
Coincido plenamente con la tesis del artículo. La comparación histórica es clara: cuando las sociedades occidentales adoptan mercados abiertos, protección de la propiedad privada y un marco institucional estable, el progreso deja de ser una excepción y se convierte en norma. España es un buen ejemplo; el salto desde la autarquía y el intervencionismo hacia la integración europea fue mucho más que un cambio técnico: significó un aumento real en renta, oportunidades laborales y calidad de vida. Me parece especialmente acertado recordar que el capitalismo que funciona no es el de “sálvese quien pueda”, sino el que se combina con Estado de derecho, competencia real y políticas públicas que corrijan abusos. Esa visión liberal, exigente con el mercado pero también con el Estado, es la que necesitamos frente a discursos que idealizan modelos planificados que, en la práctica, han generado escasez y falta de libertad.
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Redacción-Administrador
Redacción-Administrador

Redactor jefe de Una mirada liberal. Toda una vida con las letras, toda una vida defendiendo la libertad.

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