Una de esas cosas que me irritan sobremanera, es cuando el típico listillo, que piensa que sabe mucho de todo, te dice sin rubor cosas como: «La macroeconomía va muy bien en España» Y cuando le rebates, enseguida sale con el rollo de que: «No. Es que en la microeconomía aún no se nota. Porque patatín y porque patatán…». Cuando oigo estas palabras o similares, es que me enciendo. Y lo hago porque sé que estoy ante un tipo que, en realidad, no defiende el sistema económico, sino al señor que él ha votado. Es como una huida ridícula hacia adelante para justificar, sin tener idea ni de política y mucho menos de economía, que él no se equivocó cuando votó en las elecciones al político de turno que gobierna. Resulta patético. Y eso es lo que me enciende. No que no sepa de economía, faltaría más, sino que en vez de reconocer que todo va mal, trata de agarrarse a lo que sea para defender lo indefendible. Y esto lo hacen todos los que se rasgan las vestiduras por el gobierno español actual. Lo hacen cual seres "lobotomizados", que repiten este mantra como si se tratase de una verdad absoluta. Lo cual no es cierto y aquí lo voy a explicar claramente para aquellos que aún no lo tengan claro.
Empecemos con datos reales. Nadia Calviño, hoy presidenta del Banco Europeo de Inversiones y ministra de Economía entre 2018 y 2023, afirma en sus memorias Dos mil días en el Gobierno que “ayudó” al INE a calcular un crecimiento del PIB más alto del inicialmente publicado. Es decir, falsearon y falsean la realidad sobre el crecimiento real del país.
No obstante, es cierto que los datos agregados muestran una economía española que, en términos absolutos, ha tenido una buena recuperación tras la pandemia: las estimaciones oficiales colocaron el crecimiento anual en torno al 3% para 2024 (la llamada macroeconomía), y el INE, como ya hemos visto manipulado por la exministra, revisó al alza las cifras de 2024. Pero ¿Cuánto cayó España durante la pandemia? Porque esta es la cuestión. España cayó, por la mala gestión del gobierno actual —más centrado en llevarse comisiones de mascarillas—, más que nadie de nuestro entorno y, como consecuencia de esto, tenía obviamente que subir con mayor fuerza. Esto es algo que sucede habitualmente al margen de la gestión realizada. Según la documentación del Banco de España, el PIB real cayó en 2020 aproximadamente un -10,8% sobre el nivel de 2019. Según otros datos (GDP per capita growth (annual %) - Spain), cayó hasta el -11,4%. Y no es hasta el año 2023 cuando España se recupera al nivel del 2019 —muchos más tarde que otros países europeos— que es, en el 2019, cuando comenzó a caer en picado, aunque ya llevaba cayendo desde la llegada del gobierno actual, como se puede ver en los datos The World Bank.
Sin embargo, este crecimiento del PIB agregado no se traduce en una mejora del bienestar medio (la llamada microeconomía). El PIB per cápita —el indicador que mejor aproxima la renta media por habitante— muestra un ritmo de crecimiento débil, cuando no estancado, desde hace muchos años. El crecimiento del PIB per cápita depende de dos factores: variación del PIB y variación de la población; si la población aumenta más rápido que el PIB, el PIB per cápita se estanca pese a un PIB creciente. Y, a España, en los últimos años han llegado más de tres millones de extranjeros. Esto ha provocado mayor número de habitantes y demandantes de empleo y servicios públicos y, lógicamente, al ser trabajadores no cualificados, una bajada o estancamiento de los salarios, mientras que la inflación y el IPC se han disparado —como consecuencia del enloquecido intervencionismo del BCE, entre otras —. No es momento de hablar de las causas de la subida brutal de la inflación, pues me llevaría a escribir otro artículo completo. La inflación acumulada desde la etapa postpandemia ha hecho que los salarios estén perdiendo poder adquisitivo: un informe señala que la inflación “ha absorbido el 89 % de la subida de los salarios” desde 2018. Lo cual, supone una pérdida de poder adquisitivo que no tiene parangón.
El gobierno actual, se ha negado sistemáticamente a deflactar los impuestos. La no deflactación de impuestos significa que, aunque los hogares tengan que gastar más por la inflación, los impuestos como el IVA se mantienen en el mismo porcentaje nominal. Por tanto, si el gasto de un hogar sube por la inflación, la cuota de IVA en términos absolutos también sube. Lo que equivale a una tasa efectiva mayor, aunque el tipo impositivo no cambie. Es decir, el consumidor paga más, no solo por el producto consumido sino también por el impuesto y lo recauda la administración. Típico sistema socialista en el que se procuran países ricos con ciudadanos pobres. Al final, el país, termina siendo también pobre (Venezuela, Cuba, Corea del Norte,…), pero esa es otra discusión.
La mala gestión y el gasto incontrolado que no repercute en el ciudadano, como por ejemplo este: El Gobierno destina 700.000 € a la «producción sostenible de café con perspectiva de género» en Etiopía. Estas decisiones, entre otras, lleva a una política económica expansiva alejada de los principios capitalistas del ahorro y la inversión. Desembocando invariablemente en el endeudamiento.
En definitiva. España es más pobre que en el año 1961 como se puede ver en la gráfica The World Bank anteriormente mencionada. Un país no es más rico porque su PIB o gobierno cuente con más dinero, sino porque sus ciudadanos sean, no digo ricos, al menos solventes.

Permítanme un ejemplo más gráfico: Un país con tres millones de habitantes —es inventado, pero existir, existen muchos como este del ejemplo que pongo— es un país pequeño y por tanto su PIB puede ser ridículo, pongamos cien mil millones de euros. España que es un país medio, tiene un PIB de casi 1,6 billones de euros, por tanto es, supuestamente, considerablemente más rico. Ahora bien, ¿cuál es la deuda de cada uno de los países? y ¿cuál es el PIB per cápita de sus ciudadanos? En el país de tres millones de habitantes, la deuda es del 60% del PIB y en España es del 105% del PIB. Los ciudadanos del país de tres millones de habitantes disponen de un PIB per cápita —es decir, salario medio por habitante al año— de 55.000 €, mientras que en España el salario medio es de 27.500 €.
Con estos datos y este rápido y sencillo ejemplo, díganme ustedes quienes son más ricos: ¿los habitantes de el país pequeño o los del país mediano? Como se puede ver, en realidad el PIB tan solo es un marcador económico que no indica nada relevante para un ciudadano de a pie.
Y, es que, el socialismo siempre logra lo mismo en todos los lugares y épocas. Países ricos, con ciudadanos ricos, los convierte, primero, en países ricos de ciudadanos pobres —todos iguales, pero por abajo—. Y, después, con algo de tiempo, logran países pobres con ciudadanos pobres y dependientes de un estado incapaz de darles lo prometido. Lo cierto es que el socialismo hizo suyas las palabras del economista neoyorquino Harry Browne, cuando dijo aquello de: «El gobierno es bueno en una cosa: sabe cómo romper las piernas, darte una muleta, y decir, mira, si no fuera por el gobierno, no podrías caminar».
Pues bien, ese listillo del que al principio hablaba, no solo no se queja sino que aplaude y da las gracias por las muletas. Se trata de niños pensando que son adultos.